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martes, 4 de febrero de 2020

Un Por Ahora que se convirtió en Para Siempre

04/02/2020


El pueblo venezolano conmemora este Martes 28 años de la rebelión cívico-militar que, encabezada por el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, marcó el inicio de una gesta revolucionaria contra el sistema neoliberal y explotador del pueblo.

Venezuela conmemora el próximo 4 de febrero el "Día de la Dignidad Nacional". La fecha es en recordatorio de la rebelión cívico-militar que en 1992 encabezó el entonces teniente coronel Hugo Chávez Frías y que se consideró un alzamiento de la voz del pueblo contra el neoliberalismo y el capitalismo.

La rebelión de 1992 enfrentó el sistema político destructor del presidente de derecha, Carlos Andrés Pérez.

Chávez asumió la responsabilidad de la rebelión, junto a un grupo de militares, y una vez aceptada su derrota temporal, se dirigió al país mediante la prensa local para manifestar que "por ahora" los objetivos (de liberar al pueblo) no habían sido alcanzados.

Ese célebre "por ahora" es hoy día, 25 años después, una frase que se convirtió en la esperanza de un pueblo... Un pueblo que ahora dice "Comandante Chávez para siempre".

La madrugada del 4 de febrero de 1992 el país se levantó en medio de una rebelión de militares, quienes en su intento por dar un frenazo al colapso en el que las clases dominantes habían sumergido al país, revivieron la esperanza maltratada de un pueblo en su lucha por la emancipación y la construcción de una sociedad más justa.

Los uniformados se identificaron como el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), movimiento político fundado a lo interno de las fuerzas armadas en 1983 bajo el pensamiento de Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

El asalto al palacio presidencial de Miraflores se inició a las 12 de la madrugada del 4 de febrero. Al mismo tiempo se asaltaron la residencia presidencial (La Casona), y otras importantes ciudades del país. Los enfrentamientos fueron intensos en algunos casos.

Frustrado el intento de toma de la ciudad capital, Caracas, los insurgentes se rindieron, luego que las guarniciones del interior del país fueran recuperadas por las fuerzas leales al gobierno de entonces.

Chávez fue arrestado y privado de su libertad por fuerzas de seguridad. Su histórica alocución fue transmitida ante los medios de comunicación, en donde el Comandante asumía la responsabilidad del alzamiento, y ordenaba a los insurgentes que aún luchaban en Aragua y Valencia (al norte del país) que se rindieran para evitar mayores derramamientos de sangre, a la vez que pedía a sus partidarios deponer las armas.
A partir del 04 de febrero de 1992, la construcción de la nueva sociedad venezolana dejó de ser una utopía para convertirse en una necesidad posible, con sujetos y un liderazgo claro capaz de motorizar el proceso revolucionario.

El 4 de febrero de 1992 representa el chispazo que fortaleció al pueblo y lo enrumbó en la lucha por el rescate de la dignidad nacional.

28 años después y pese a miles de intentos de desestabilización y sabotaje, se sigue construyendo la epopeya iniciada en aquellos días. En Venezuela son muchos los que opinan que los militares se han hecho pueblo; un pueblo que no renuncia a la determinación de ser libre con constancia y patriotismo.

4 de febrero de 1992

04/02/2020


Entre los días 3 y 4 de febrero de 1992 un golpe militar fallido intentó derrocar al entonces Presidente de la República, Carlos Andrés Pérez. Estuvieron comprometidas en la asonada, guarniciones militares de los estados Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el Distrito Federal. El alzamiento—denominado Operación Zamora—se inició en la tarde del día 3 y estalló en la noche, al retornar al país el presidente Pérez, luego de su participación en el Foro Económico Mundial, en la ciudad de Davos (Suiza). Los responsables eran miembros de una agrupación clandestina existente en el seno de las Fuerzas Armadas, conocida como Movimiento Bolivariano MBR-200. Dicha organización fue fundada en 1983 por los entonces capitanes del Ejército Hugo Chávez Frías, Felipe Acosta Carlés y Jesús Urdaneta Hernández, quienes se desempeñaban como instructores de la Academia Militar. Debido a que entre sus miembros figuraban oficiales de graduaciones medias tales como comandantes, mayores, capitanes, tenientes y tenientes-coroneles, dicho movimiento se conoció como COMACATE. Asimismo, buena parte de los integrantes pertenecían a la promoción Simón Bolívar, la cual egresó de la Escuela Militar en 1975.

En relación a las razones argumentadas por los oficiales golpistas, tenemos que las mismas eran la gestión política y económica del Presidente Pérez; el descontento de los sectores medios y bajos de las Fuerzas Armadas por los hechos de corrupción verificados en los altos mandos militares; la subordinación de las Fuerzas Armadas a un liderazgo político que consideraban incapaz y corrupto; la utilización de las Fuerzas Armadas, en particular el Ejército y la Guardia Nacional, en la represión de los disturbios del 27 de febrero de 1989; el cuestionamiento a la posición sostenida por el presidente Pérez en las negociaciones relativas a la delimitación limítrofe con Colombia; el deterioro de las condiciones socioeconómicas de la oficialidad media y baja de las tropas; y el empleo de las Fuerzas Armadas en labores como repartición de útiles escolares, becas alimentarias, campañas de vacunación y de arborización. De acuerdo con los alzados su acción estaba justificada por la interpretación del artículo 132 de la Constitución Nacional de 1961, según el cual se consagraba a las Fuerzas Armadas la defensa nacional, la estabilidad de las instituciones democráticas y el respeto a la Constitución y a las leyes, el cual estaba siendo vulnerado por el Gobierno de Pérez. No obstante, a pesar de lo anterior en entrevistas concedidas a la prensa, lo golpistas señalaron que lo mismos estaban conspirando desde hacía 10 años antes, aproximadamente durante el gobierno de Luis Herrera Campíns.

Los principales dirigentes de la acción golpista fueron los tenientes coroneles Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández y Jesús Ortiz Contreras. La toma de la región capital estuvo bajo la responsabilidad del teniente coronel Chávez Frías, quien dirigió las acciones desde el Museo Histórico Militar de La Planicie, y del teniente coronel Joel Acosta Chirinos, quien comandó las operaciones en la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, en La Carlota. Los combates en el Distrito Federal se iniciaron hacia las 11 p.m. del día 3 y los enfrentamientos más intensos tuvieron lugar en la residencia presidencial La Casona, en el Palacio de Miraflores y en la base aérea Francisco de Miranda. Otras acciones tuvieron lugar en el Fuerte Tiuna, donde se iniciaron las acciones golpistas, en las comandancias generales del Ejército y la Armada, en el Comando Regional núm. 5 y el Comando de Seguridad Urbana de la Guardia Nacional, la sede de la Disip en el Helicoide, en la sede de la Comandancia de la Policía Metropolitana en Cotiza y en Venezolana de Televisión (canal 8). A pesar de la magnitud del movimiento en la región capital, el presidente Pérez pudo sortear con éxito la situación, ya que a su llegada de Suiza estaban esperándolo el Ministro de la Defensa, general Fernando Ochoa Antich, y el Ministro de Interiores, Virgilio Ávila Vivas, quienes se habían trasladado al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, para desarticular un presunto operativo destinado a detener al presidente Pérez. Una vez en la residencia presidencial, Pérez recibió a las 11 p.m. una llamada telefónica de Ochoa Antich en la que era informado de un alzamiento en el Fuerte Mara en el Zulia, por lo que decidió trasladarse al Palacio de Miraflores, evadiendo por escasos minutos la captura de los golpistas. Posteriormente, a las 12 p.m. Miraflores fue atacado por tanques y por una unidad de paracaidistas, produciéndose intensos combates que derivaron en múltiples heridos y muertos de ambas partes. Nuevamente, el presidente Pérez logro huir de sus captores dirigiéndose al canal 4 de televisión (Venevisión), desde donde se comunicó con el país a la 1 a.m., informando acerca de la situación y condenando al movimiento insurreccional.

Finalmente, la rendición de los insurgentes comenzó una vez que las tropas leales retomaron el Palacio de Miraflores a las 4 a.m. y se prolongó hasta cerca del mediodía del día 4, cuando se entregó el líder de la operación, el comandante Hugo Chávez Frías. El presidente Pérez retornó al Palacio una vez que fue recuperado por las fuerzas del gobierno. Sin embargo, la situación en el resto del país no estaba controlada, ya que a diferencia de la región capital donde el movimiento insurreccional fracasó, en el estado Zulia había triunfado la operación denominada Reconstrucción 92. En tal sentido, su máximo jefe Francisco Arias Cárdenas, quien se desempeñaba como comandante del grupo de artillería misilística José Tadeo Monagas, había tomado a las 12 p.m. la casa del gobernador del estado Oswaldo Álvarez Paz, y desde la misma se proclamó gobernador militar del estado, dando a conocer a través de una emisora radial los motivos del golpe y los principios del MBR-200. Entre los principales puntos estratégicos tomados por las fuerzas de Arias Cárdenas, figuraban el puente sobre el Lago de Maracaibo, el cuartel Libertador, los destacamentos 33 y 35 de la Guardia Nacional, el Cuartel de Patrulleros de la Policía del Estado, la sede de la Disip, instalaciones petroleras de la costa oriental del lago, el canal II de televisión, etc. No obstante, en vista del fracaso de las operaciones en Caracas, Arias depuso las armas.

Aragua y Carabobo fueron otras regiones del país en las que actuaron los golpistas. En cuanto a Maracay, tenemos que se sublevaron 3 batallones de la 41ª Brigada de infantería Paracaidista y el batallón García de Sena, al mando del teniente coronel Jesús Urdaneta Hernández, y el batallón de cazadores General Vásquez, al mando del teniente coronel Jesús Ortiz Contreras. Los combates más intensos se escenificaron en el Cuartel Páez, a 2 cuadras del Palacio de Gobierno, en el Cuartel La Placera, y en la base Libertador. Los rebeldes rodearon la base, pero no lograron ingresar, pero no lograron ingresar en ella ni utilizar los aviones. En la guarnición de Valencia actuaron el batallón blindado Pedro León Torres, el grupo de artillería de campaña Lara, el batallón de apoyo José G. Lugo, una compañía de comunicaciones y una compañía de honor. Durante aproximadamente 15 horas los insurrectos controlaron varios puntos estratégicos de la ciudad, entre ellos el Comando Regional núm. 2 de la Guardia Nacional. El sometimiento de los alzados finalmente se consiguió hacia las 4 p.m. del día, tras la breve alocución a la 1p.m. de Hugo Chávez Frías, quien asumió la responsabilidad del movimiento y solicitó las fuerzas aún rebeldes de Aragua y Carabobo que se rindieran ante el fracaso de las operaciones en Caracas, para evitar mayores derramamientos de sangre.

Durante la mañana del día 5 de febrero de convocó a una sesión bicameral extraordinaria en el Congreso, con el propósito de presentar a la consideración del Poder Legislativo ante la aprobación por parte del Poder Ejecutivo de un decreto que establecía la suspensión de las garantías constitucionales en todo el territorio nacional, así como de un toque de queda. Por acuerdo de las fracciones parlamentarias se resolvió no debatir sobre la materia sino formular un comunicado de condena al intento de golpe. Sin embargo, para sorpresa de todos, el senador vitalicio Rafael Caldera, desatendiendo el acuerdo previo, pronunció un polémico discurso en que rebatió la tesis del magnicidio como motivo de la insurrección, al señalar que dicho movimiento respondía a una crisis más profunda de la democracia venezolana y sus instituciones. El discurso de Caldera se convirtió en un importante suceso político que le sirvió de plataforma para llegar a la presidencia de la República en diciembre de 1993. En cuanto al comandante Chávez y los oficiales de mayor rango involucrados en la insurrección, los mismos fueron recluidos en el Cuartel San Carlos de Caracas y luego en la Cárcel de Yare en los Valles del Tuy. A semanas de este intento, el Tribunal Militar II de Primera Instancia Permanente de Caracas anunció que había 133 oficiales (entre los cuales 24 fueron acusados de dirigir la rebelión y el resto de ser adherentes) y 967 soldados sometidos a la investigación. Con el tiempo, las causas de muchos de los militares presos fueron sobreseídas; otros fueron dados de baja, y otros indultados por el presidente Caldera en 1994 bajo la condición de solicitar su retiro de las Fuerzas Armadas, tal como sucedió con los oficiales que dirigieron la operación.

lunes, 3 de febrero de 2020

Primera Batalla de la Puerta

03/02/2020


Fue un encuentro entre las tropas de Vicente Campo Elías y José Tomás Boves quien se dirigía hacia el centro de Venezuela con el fin de llegar a Caracas pasando por los valles de Aragua. Los realistas, en su mayoría caballería, derrotaron a las tropas de Campo Elías y se lanzan contra la ciudad de La Victoria. 
 El sitio de la Puerta es el lugar donde el río Guárico corta transversalmente un relieve que forma parte de la serranía del Interior a través de un breve desfiladero que se abre a partir de dicho lugar hacia los Llanos venezolanos al sur del campo de batalla. Este hecho fue el que determinó la victoria de los llaneros (en su mayoría criollos y pardos) de Boves, cuya caballería era mucho más importante y procedía de campo abierto por lo que pudieron arrinconar al ejército de Campo Elías, al no dejarlo salir libremente a enfrentar al ejército realista.


21 Años de Revolución, Batallas y Victorias

02/02/2020







21 Años de la Primera Juramentación de Chavez Como Presidente

02/02/2020



El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez se juramentó por primera vez como presidente de Venezuela e inició una era de grandes transformaciones sociales y políticas en la nación suramericana.

“Juro ante Dios, ante la patria y ante mi pueblo, sobre esta moribunda Constitución", así se juramentó como presidente constitucional de Venezuela por primera vez, hace 21 años, el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, dando el puntapié inicial a una era de grandes transformaciones sociales y políticas en la nación suramericana.

Iniciaba así, aquel 2 de febrero de 1999, la Revolución Bolivariana, en el marco de la naciente V República de Venezuela. Atrás quedaba el periodo signado por el Pacto de Puntofijo que impuso el bipartidismo a lo largo de cuatro décadas turnando sucesivamente en el poder a los partidos Acción Democrática y Copei.

"Haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los tiempos”, completó su juramento el expresidente. El impulso de una nueva Constitución nacional había sido una de sus principales banderas políticas durante la campaña electoral de 1998. Y cumplió.

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez se juramentó por primera vez como presidente de Venezuela e inició una era de grandes transformaciones sociales y políticas en la nación suramericana.

“Juro ante Dios, ante la patria y ante mi pueblo, sobre esta moribunda Constitución", así se juramentó como presidente constitucional de Venezuela por primera vez, hace 21 años, el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, dando el puntapié inicial a una era de grandes transformaciones sociales y políticas en la nación suramericana.

Iniciaba así, aquel 2 de febrero de 1999, la Revolución Bolivariana, en el marco de la naciente V República de Venezuela. Atrás quedaba el periodo signado por el Pacto de Puntofijo que impuso el bipartidismo a lo largo de cuatro décadas turnando sucesivamente en el poder a los partidos Acción Democrática y Copei.

"Haré cumplir e impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los tiempos”, completó su juramento el expresidente. El impulso de una nueva Constitución nacional había sido una de sus principales banderas políticas durante la campaña electoral de 1998. Y cumplió.


Tras juramentarse como presidente, Chávez brindó un extenso discurso ante los parlamentarios. | 
Luego de asumir formalmente como presidente ante el extinto Congreso bicameral, juramentó a su gabinete en el Palacio de Miraflores (sede de Gobierno) y rubricó de una vez el decreto que convocaba a un referéndum para la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente.

La consulta popular arrojó un abrumador 87 por ciento de votos por la opción de convocar a la redacción de la nueva Carta Magna.

Constitución Bolivariana de 1999
El nuevo texto constitucional fue aprobado el 15 de diciembre de 1999 por el 71 por ciento del electorado, dando lugar a un gran cambio de paradigma democrático donde el sistema de Gobierno pasó de ser representativo a protagónico, ampliando los mecanismos de participación ciudadana a través de múltiples formas de organización colectiva.

Signada en su preámbulo por el ideario histórico del Libertador Simón Bolívar, es reconocida como uno de los instrumentos jurídicos más avanzados de la región y del mundo al incorporar la ampliación de derechos de los pueblos indígenas, reconocer derechos ambientales, y otras legislaciones de vanguardia en el marco de un sistema de igualdad y justicia social.

Transformaciones sociales
Con la premisa de dignificar y reivindicar a la población que había sido socialmente excluida durante la IV República, el Comandante Chávez atacó rápidamente la herencia neoliberal de los pasados Gobiernos.

A través de la distribución igualitaria de la renta petrolera y la activación de diferentes empresas estatales recuperadas, consiguió pronto grandes avances en materia social.

La fundación de grandes Misiones Socialistas que llevaron salud, alimentación, educación y vivienda a todos los rincones de Venezuela, logró el despertar de las esperanzas de los sectores más desfavorecidos.

Así se avanzó considerablemente en la reducción de la pobreza que pasó de 43 por ciento en 1998 a 24 por ciento en 2012; se alcanzó la tasa cero de analfabetismo; aumentó tres años la esperanza de vida; mejoró el Índice de Desarrollo Humano y el Coeficiente de Gini; ​​​se llevó atención médica a través de la amplia cobertura territorial de Barrio Adentro; y se construyeron y refaccionaron cientos de miles de viviendas con el Plan Barrio Nuevo, Barrio Tricolor y la Gran Misión Vivienda Venezuela; entre otros grandes avances reconocidos por los organismos que integran el sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Continuidad del legado histórico
Con la ratificación del presidente Nicolás Maduro al frente de la primera magistratura y en la continuación del liderazgo de la Revolución Bolivariana, el pueblo venezolano sigue protagonizando la construcción de la Patria socialista en el marco de nuevos retos y desafíos.

Con el acento puesto en la inversión social, que supera los 70 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB), el Gobierno revolucionario prioriza la protección de los sectores más humildes ante los embates económicos que buscan desestabilizar el país.

Frente a sanciones, embargos y bloqueos a la economía venezolana impulsados principalmente desde el Gobierno de los Estados Unidos (EE.UU.), el presidente Nicolás Maduro ha renovado y reinventado el sistema de protección social a través del novedoso mecanismo del Carnet de la Patria que identifica y asiste necesidades del pueblo en todo el territorio nacional.
Esta plataforma fue el soporte fundamental para lograr las pensiones para el cien por ciento de las personas en edad de jubilación; el apoyo a las mujeres embarazadas y lactantes; personas con algún tipo de discapacidad; trabajadores de la economía informal; jóvenes desempleados; y hogares humildes; entre otros sujetos de derecho.

Tampoco el asedio de la guerra económica ha logrado detener los avances en la Gran Misión Vivienda Venezuela que en diciembre de 2018 alcanzó el hito de 2.500.000 hogares construidos.

Nace Antonio Jose de Sucre

03/02/2020


(Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá; Cumaná, actual Venezuela, 1795 - Sierra de Berruecos, Colombia, 1830) Militar y político venezolano, prócer de la independencia hispanoamericana. Tempranamente adherido a la causa emancipadora, la figura de Sucre empezó a cobrar protagonismo cuando, a partir de 1819, se convirtió en uno de los principales lugartenientes de Simón Bolívar, entre los que sobresalió por su pericia estratégica y su inquebrantable lealtad.

Bolívar comenzaba por entonces a dar forma al proyecto de la Gran Colombia, confederación al estilo de los Estados Unidos que aspiraba a integrar las colonias españolas liberadas. Proclamada en 1819 en el Congreso de Angostura y presidida por El Libertador, la Gran Colombia agrupó en su fundación los territorios de Venezuela y Colombia. En calidad de lugarteniente de Bolívar, Antonio José de Sucre dirigió entre 1821 y 1822 la campaña que incorporó a la Gran Colombia el actual Ecuador.

En la decisiva campaña de Perú, último gran centro del poderío español, acompañó a Bolívar en la batalla de Junín y, por ausencia de éste, dirigió la batalla de Ayacucho (1824), que supuso el fin de la dominación española en el continente; tal victoria le valió el título de Gran Mariscal de Ayacucho. En 1825 ocupó el Alto Perú (la actual Bolivia), en el que quedó establecida la república de Bolivia, que presidió hasta 1828. Víctima de las tensiones que acompañaron la disgregación de la Gran Colombia, fue asesinado dos años después.

Biografía

Pese a pertenecer a una familia patricia venezolana de larga tradición militar al servicio de la Corona española, su padre, el teniente coronel Vicente Sucre y Urbaneja, apoyó la causa emancipadora desde sus inicios. Al igual que el de otras antiguas colonias, el proceso que conduciría a la independencia de Venezuela sufrió numerosos vaivenes: desde 1810 y a lo largo de casi toda la década, patriotas y realistas alternaron victorias y fracasos en sus enfrentamientos, en los que, siguiendo los pasos de su padre, participó activamente el joven Antonio José de Sucre.

Después de haber realizado sus primeros estudios en la escuela fundada por su tía, María de Alcalá, en la ciudad natal de Cumaná, se trasladó a Caracas, donde ingresó en la Escuela de Ingenieros del coronel español Tomás Mires. Como joven perteneciente al sistema militar de la monarquía española, se formó en los valores de orden, disciplina y autoridad, al ritmo de sus estudios de matemáticas, agrimensura, fortificación y artillería. Estos conocimientos y principios serían vitales para el desempeño de Sucre en una carrera que estaba a punto de comenzar.

A los quince años se alistó en el ejército patriota como alférez de ingenieros y participó en la campaña de Francisco de Miranda (1812) contra los realistas, durante la cual ascendió a teniente. Tras el fracaso de este primer intento emancipador, se refugió en la isla de Trinidad, donde entabló contacto con Santiago Mariño, a quien siguió en 1813 en la expedición de reconquista de Venezuela, en la que tomó Cumaná e intervino en la organización del ejército de Oriente.

Su arrojo y sus dotes para la guerra determinaron su ascenso a teniente coronel, y como tal tomó parte en la ofensiva sobre Caracas. Sin embargo, vencido su ejército en Aragua y Urica, debió huir para no ser apresado por los realistas; la segunda tentativa independentista había fracasado. Integrado de nuevo en la lucha, en la segunda mitad de 1815 intervino en la defensa de Cartagena de Indias, desde donde pasaría a combatir en la Guayana y el bajo Orinoco.

La participación de Sucre en la empresa de reconquista de los territorios orientales, adelantada por los generales Santiago Mariño, Manuel Piar, José Francisco Bermúdez y Manuel Valdés, y su posterior servicio al Estado Mayor General de Oriente, significaron para el joven oficial no sólo el desarrollo de sus habilidades y destrezas militares, sino también una toma de postura política frente a las diferencias que existían entre los generales orientales y Bolívar. La guerra se extendía y Venezuela debía decidir en relación con la unidad de sus ejércitos; el temible general realista Pablo Morillo avanzaba por los territorios, y las contradicciones entre los generales venezolanos no permitían dar con una estrategia unitaria.

Lugarteniente de Bolívar

Este marco de circunstancias determinó a Sucre a unirse definitivamente al ejército del Libertador; los argumentos de su adhesión a Bolívar se encontraban asociados al principio del orden y las jerarquías que debían guardarse en el interior de los ejércitos. En 1818 marchó a Angostura, donde Bolívar había instalado su cuartel general.

Simón Bolívar comenzaba entonces a hacer realidad su sueño político: formar una gran federación, al estilo de la estadounidense, con las colonias liberadas del dominio español. A la liberación de Venezuela, consolidada en 1819, se añadió ese mismo año la del virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia) tras el triunfo de Bolívar en la batalla de Boyacá. En el Congreso en Angostura (1819) se materializó el nacimiento de la República de la «Gran Colombia», constituida por Venezuela y Colombia y presidida por el mismo Bolívar, a la que pronto se incorporarían Panamá y Ecuador.

En Angostura, Antonio José de Sucre se convirtió en uno de los mejores lugartenientes de Bolívar y se ganó la amistad y el respeto del Libertador, quien destacó siempre sus dotes militares y su elevado sentido de la moralidad. Desde ese momento, la lealtad hacia Bolívar y su compromiso con la Gran Colombia sería inconmovible. Sucre fue enviado a las Antillas con la misión de obtener armas para el ejército; más tarde pasó al estado mayor de Bolívar y fue designado integrante de la comisión que firmó el armisticio y la regulación de la guerra en Santa Ana de Trujillo (noviembre de 1820) con el general Pablo Morillo, por el que se pretendía evitar al máximo los efectos de la guerra sobre la población civil.

La liberación de Ecuador

En 1821 le fue confiada la dirección de la campaña del Sur, que tenía como objetivo liberar los territorios correspondientes a la Real Audiencia de Quito y promover su adhesión a la Gran Colombia. Esta conquista era de vital importancia para la nueva nación, pues debía asegurar su hegemonía. La misión de Sucre no fue fácil, en vista de la diversidad de intereses implicados en aquella guerra. Las provincias de Quito y Guayaquil se habían alzado en armas en contra del gobierno español; pero, si bien todos estaban de acuerdo con la independencia, no todos estaban a favor de la integración en la Gran Colombia; algunos pugnaban por la unión con Perú, en vista de las relaciones comerciales, y otros preferían la independencia absoluta.

Guayaquil era una de las principales adversarias a la adhesión, pero necesitaba el apoyo del Ejército Libertador. Sucre llegó con tropas en su ayuda, y la tregua firmada con los españoles le permitiría formar un ejército digno para la contienda; simultáneamente, pactó con los guayaquileños acerca de cómo debía ser llevada a cabo la conformación y manutención del llamado Ejército del Sur. Mientras durara el armisticio, el ejército se nutriría de recursos humanos y económicos procedentes de Colombia, pero estaba claro que, conforme se fueran reclutando hombres de la región, comenzaría a depender de los recursos locales.

El éxito acompañó a Sucre desde las primeras operaciones militares; obtuvo un gran triunfo en Yaguachi (mayo de 1821), y, tras sufrir un único revés en Huachi, la campaña del Sur concluyó con la batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822), en la que cayó abatido el ejército realista. Pocas horas después, Melchor de Aymerich, presidente de la Real Audiencia de Quito, firmó la capitulación. Con esta victoria de Sucre se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador (que quedó incorporado a la Gran Colombia) y quedó el camino expedito para la liberación de Perú, tras la renuncia de José de San Martín.

La campaña de Perú

En una gran gesta que incluyó la travesía de los Andes con sus tropas, José de San Martín había liberado Chile en 1817. Desde allí transportó por mar un ejército de 4.500 hombres a Perú en 1820; en 1821 proclamó solemnemente la independencia de Perú, pese a que las fuerzas realistas controlaban buena parte del territorio. Cuando en julio de 1822 tuvo lugar la célebre entrevista entre Simón Bolívar y José de San Martín, la posición de este último se hallaba sensiblemente debilitada por las disensiones internas y el hostigamiento de los realistas; desalentado y en desacuerdo con el ideario político de Bolívar, San Martín optó por retirarse y dejar en manos de Bolívar el destino de Perú.

Al igual que San Martín, Bolívar comprendía que Perú, en tanto que centro neurálgico del poder español, era el principal obstáculo para la emancipación del continente; era preciso neutralizar este territorio para salvaguardar la independencia de la Gran Colombia. En 1823 envió a Sucre a Lima para iniciar los preparativos de la campaña de Perú. En febrero de 1824 Bolívar tomó bajo su mando todos los poderes en el país y se hizo cargo de las operaciones militares.

Antonio José de Sucre acompañó a Bolívar en la victoriosa batalla de Junín (6 de agosto de 1824) y, al frente del ejército patriota en ausencia de Bolívar, venció al virrey José de La Serna en Ayacucho (9 de diciembre de 1824), batalla en la que brillaron singularmente la extraordinarias dotes de estratega de Sucre. Considerada la más importante de la guerra de emancipación de Sudamérica, la batalla de Ayacucho significó la definitiva liberación de Perú y el fin del dominio español en el continente. El Parlamento peruano nombró a Sucre general en jefe de los ejércitos y, con toda justicia, le otorgó el título de Gran Mariscal de Ayacucho como reconocimiento a su labor.

La república de Bolivia

Durante los primeros meses de 1825, al frente del ejército, Sucre liberó el Alto Perú (la actual Bolivia) y convocó una asamblea constituyente para que a través de la consulta pública se decidieran los destinos del territorio. En ella se presentaron tres tendencias claramente delimitadas: una a favor de la anexión al Río de La Plata, otra a favor de la anexión a Perú, y la tercera a favor de la independencia. La propuesta triunfadora resultó ser la tercera; la asamblea promulgó la independencia (6 de agosto de 1825) y nombró a Sucre presidente vitalicio. Siempre fiel a Bolívar, Sucre encargó al Libertador que redactase una Constitución para la nueva nación: la república de Bolivia.

El mandato presidencial de Sucre fue un empeño de modernización social cuyos ideales igualitarios toparon con la jerarquizada sociedad boliviana. Entre otros asuntos, se preocupó por la organización de la Hacienda Pública, promovió la libertad de los esclavos, distribuyó tierras entre los indios y dio un impulso decisivo a la educación, creando colegios superiores y escuelas primarias en todos los departamentos del país.

Sucre tuvo que abandonar la presidencia a causa de la presión de los peruanos opuestos a la independencia boliviana: las sucesivas revueltas culminaron en el motín de Chuquisaca (18 de abril de 1828), promovido por el batallón de Granaderos del cuartel de San Francisco. Sucre fue herido en su brazo derecho, lo cual le impedía ejercer las funciones de gobierno, y encargó al general José María Pérez de Urdininea que le sustituyese.

La evaluación que haría Sucre de sus años de presidencia sitúa las causas de su fracaso político en factores asociados a la pugna por el poder, la ignorancia y la descomposición del propio sistema societario; en una carta previa a su renuncia había explicado a Bolívar que la debilidad de los edificios políticos que estaban construyendo radicaba en "el mal de sus bases". La sensación de frustración e incluso cierta repugnancia hacia la vida pública llevaría a Sucre a manifestar su deseo de retirarse, y con este objeto partió a Ecuador. Lo esperaban sin embargo nuevas batallas, nuevas misiones de negociación, y la propia muerte.

El fin de la Gran Colombia

En Quito, la noticia del atentado contra Bolívar en Colombia, en septiembre de 1828, irrumpió en la naciente vida conyugal de Sucre, que había contraído matrimonio con Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, y le condujo a desdecirse de su decisión de retirarse a la vida privada. La fallida Conspiración Septembrina preludiaba el fin de la Gran Colombia; Sucre lo sabía pero se animó a luchar hasta el final. Por eso, al pronunciarse en torno a aquella tentativa de magnicidio, apoyó a Bolívar en su decisión de haberse declarado dictador de Colombia: el orden debía prevalecer ante todo.

Casi simultáneamente, Perú declaró la guerra a Colombia y Sucre fue designado para dirigir el batallón que haría frente a la situación. Esta vez tendría que luchar en contra de sus antiguos aliados de la guerra emancipadora. Sin mayores dificultades, sin embargo, venció a los peruanos en la batalla de Tarquí (27 de febrero de 1829), que llevó a la firma del tratado de Piura. Decidió entonces volver a su retiro y regresó al lado de su esposa; juntos se instalaron en la hacienda de Chishince, en Quito.

A principios de 1830, inmersa ya en un proceso de desintegración, la Gran Colombia convocó en Bogotá el que sería su último congreso. Requerida su presencia, Sucre acudió como representante de la provincia de Cumaná y fue nombrado presidente del evento. Las propuestas de Sucre se orientaron al diálogo y la concertación con los departamentos que todavía conformaban la República. Como parte de la estrategia, Sucre encabezaba la comisión que iría a Venezuela (que para la fecha había entregado el poder a José Antonio Páez y desconocía la autoridad de Bolívar) para negociar la reversión de esa decisión.

Sucre viajó a Venezuela, pero fue detenido en Cúcuta por las autoridades; debía permanecer en esa ciudad hasta que llegaran los emisarios del gobierno con quienes debía dialogar. Sucre les propuso, además de acogerse a la Constitución colombiana, que ningún general o ex general del Ejército Libertador pudiera ejercer cargos de presidente en los departamentos; en el trasfondo, su intención era contradecir el rumor de que él o Bolívar estuvieran aspirando al cargo.

La negociación fracasó, y Sucre, después de regresar a Bogotá e informar al congreso del resultado de sus gestiones, abandonó Colombia invadido por una profunda frustración. Ya tan sólo animado por el reencuentro con su esposa y con su primogénita, emprendió el regreso a Quito. Y en el camino de vuelta, en la sierra de Berruecos (al suroeste de la actual Colombia), fue asesinado en una emboscada, al parecer ordenada por José María Obando, jefe militar de la provincia de Pasto. Como autores materiales fueron señalados José Erazo y Apolinar Morillo, quien diez años más tarde fue apresado y fusilado por esta causa.

El Día Mundial de los Humedales

02/02/20


El Día Mundial de los Humedales se celebra el 2 de febrero de cada año. Fue decretado en el año 1997 y la fecha fue elegida en conmemoración a la Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional, que se celebró el 2 de febrero de 1971 en Ramsar, Irán.

España se adhirió a este convenio en 1982, y más de medio centenar de humedales españoles se incluyen dentro de este convenio, entre ellos el Parque de Doñana, las Tablas de Daimiel, el Delta del Ebro y otros.

26 años después de la firma de este convenio se celebró por primera vez el Día Mundial de los Humedales, en 1997.

¿Qué son los humedales?
Los humedales son extensiones de tierra, que tienen la particularidad de estar inundadas de forma permanente. En esta categoría están los pantanos, turberas, marismas, arrecifes de coral, manglares, los lagos, los ríos, etc. Son ecosistemas híbridos que pueden ser de agua dulce o salada y los llamados humedales artificiales como por ejemplo los embalses, las salinas o los estanques.

Su importancia es fundamental para la vida en todo el planeta gracias a que son ecosistemas, donde viven un gran número de especies animales y vegetales, y que se encargan de regular el ciclo del agua y el clima, creando de esta manera un equilibrio perfecto. Además, aportan al hombre recursos indispensables para disfrutar de una mejor calidad de vida.

Sin embargo, hoy podemos ver con preocupación cómo los humedales corren el riesgo de desaparecer ya que se están degradando de manera vertiginosa. Se calcula que en los últimos 35 años han desaparecido más del 50% de los humedales en todo el mundo.

Biodiversidad de los humedales ¿Por qué son importantes?
En líneas generales, los humedales son reservorios que albergan vida, y que contribuyen a crear un perfecto equilibrio en los distintos ecosistemas del planeta. Así que, de su perfecto funcionamiento, dependerá que:

El 40% de los vegetales y animales que existen en todo el planeta sigan con vida.
Más de mil millones de personas en todo el planeta puedan seguir viviendo de los humedales.
En las turberas se encuentran concentradas el 30% del carbono que existe en toda la Tierra.
Los humedales se encargan de eliminar los contaminantes y esto permite disfrutar de un agua limpia.
Los humedales son grandes reservorios de agua.
Los manglares y arrecifes de los humedales se encargan de proteger a los seres humanos contra los desastres naturales como las inundaciones y sequías.
Son espacios que ayudan a crear condiciones para que exista la vida.
Son lugares ideales para realizar actividades recreativas e incrementa el turismo.

¿Cómo podemos preservar los humedales?
Sí te interesa el bienestar de nuestro planeta y el que dejarás a las futuras generaciones, entonces es importante que, a partir de hoy, tomes conciencia de la importancia que tienen para la supervivencia del hombre, la preservación y cuidado de los humedales.

Tenemos que hacer de nuestra casa, la Tierra, un lugar que sea verdaderamente sostenible y eso sólo lo lograremos, valorando y protegiendo cada día el único lugar habitable, que por ahora tiene la raza humana. Ahora es el momento y no mañana, por ello, sería interesante que cada persona se cuestionara ¿Qué deberíamos hacer para proteger los humedales?

Algunas sencillas y prácticas medidas que de forma individual o colectiva se pueden llevar a cabo son las siguientes:

Cuando se visiten estos lugares, evita arrojar basura o desechos tóxicos. Lo más recomendable es depositarlos en los lugares destinados para tal fin.
Ser respetuosos con las distintas especies vegetales y animales que habitan los humedales. Actividades como la caza y la pesca tienen un impacto negativo en el equilibrio de estos ecosistemas. ¿Sabías que anualmente mueren miles de especies en todo el planeta?
Ver los humedales como lugares exóticos y mágicos, en los cuales el hombre puede reencontrarse con la naturaleza de una manera sana, amigable y generosa.
Aunque son lugares usados para la práctica del turismo, es importante tener presente que su función es brindar recreación pasiva, sin que haya alteración o perjuicio de estos ecosistemas.
Asumir la responsabilidad de cuidar y preservar los humedales, así como denunciar las irregularidades o daños a los cuales puedan ser sometidos en un momento determinado.
Entender que las pequeñas acciones o pasos que demos hoy en pro del cuidado, protección y salvación de los humedales, será la diferencia del mañana, donde podamos dejarles a nuestros hijos un planeta mejor.
Humedales para la disminución de desastres en todo el mundo
Los humedales son ecosistemas que sirven para el sustento alimenticio y proveer de agua dulce a millones de personas en todo el planeta, además de ayudar a controlar los efectos del cambio climático que tanto preocupa a los científicos y la población en general.

Actualmente la Convención Ramsar ha nombrado más de 2.300 humedales en todo el globo, que están protegidos ya que no solo representan una barrera para frenar los efectos meteorológicos y el daño climático, sino que también son considerados un patrimonio de incalculable valor para toda la humanidad.